El Tourist Trophy: una expresión de libertad o una completa sin razón motocilística

Escrito el 15/04/2022
Alejandro Bernabé Correa - EngineStars

Desde la creación de los primeros vehículos a motor, el ser humano comenzó a desarrollar la competición sobre estos, entonces, nuevos medios planteados para facilitar el transporte entre diferentes localizaciones de forma más rápida y eficiente sustituyendo a los caballos.

Con el desarrollo de la motocicleta, ya los primeros conductores veían que no solo servía como una herramienta de trabajo más, sino que brindaba un grado de libertad que solo un “jinete” podía comprender.

Con ello llegaron con la introducción de estos vehículos las complicaciones como accidentes y regulaciones, muchas veces necesarias, que muchos entendían y a día de hoy entendemos de cierta manera una afrenta contra la diversión de la conducción de estos vehículos de dos ruedas. Es en 1904 cuando Reino Unido decide prohibir las carreras en carretera abierta y decide restringir la velocidad máxima en carretera a 20 millas por hora (32 Kmh); lo que haya que buscar un nuevo lugar para celebración de este tipo de competiciones.

La isla de Man, situada en el Mar de Irlanda entra en juego en este caso y permite este tipo de competiciones y es cuando en 1907 nace el Tourist Trophy, no solo la carrera de motocicletas en carretera abierta más famosa, sino la carrera de estos vehículos más antigua del mundo. Una carrera en carretera abierta, supone que el circuito tiene diferentes obstáculos a “esquivar” a diferencia de un circuito “corto”, como lo llaman sus pilotos, que van desde casas, arbustos, acantilados, cercas o muros de piedra entre otros. Esto define la carrera con más defunciones de pilotos que existe pero la más emocionante y en la que, aquellos que no tienen esa mala suerte, más libres se sienten durante los 60 kilómetros de cada vuelta.

“La libertad se encuentra detrás de la barrera del miedo” que me gusta decir, y esa es la filosofía que se aplican todos estos pilotos que cada año se suben a su “montura” y surcan las carreteras de la isla a velocidades incomprensibles desafiando su propio límite acompañados solo por su adrenalina y “locura” como muchos dirían.

Es cierto que a lo largo de los años se han ido imponiendo necesarias regulaciones de seguridad en esta carrera, que no en el trazado, para paliar los efectos de los accidentes además de determinadas federacones que prohíben a los pilotos de su país competir. 



Sin embargo, las ganas de velocidad y competición en la icónica isla no cesan y muchos pilotos se buscan la manera de conseguir una licencia extranjera que sí les permita. Cada año desde entonces miles de personas entre pilotos y espectadores acuden a este icónico lugar a disfrutar que la que esperemos sea durante al menos otros 115 años uno de los eventos donde la velocidad, la adrenalina y el desafío a la propia vida muestran las ganas de libertad que tenemos todos los amantes del mundo de las dos ruedas y sentirnos orgullosos de que nos llamen “locos”.