Motor: ¿necesidad o placer? las dos, necesidad de valor

Escrito el 15/03/2022
Carlos Pascual

Desde estas líneas hemos insistido en múltiples ocasiones en la importancia del sector del automóvil para la industria y desarrollo de países como España. También hemos mostrado que existe un lado cultural, un legado en cada uno de los vehículos fabricados y la importancia del valor añadi- do que genera en diferentes sectores.

Sin embargo, lo que nunca hemos hecho es plantear cuál es el sentido del automóvil en la generación de valor para las personas. Siempre se nos han llenado los renglones de industria, sector, hoteles, eventos, circuitos dejando en un segundo plano a los consumidores finales, las personas.

Muchos diríamos que es una necesidad de placer lo que nos lleva a compartir una pasión, un hedonismo exacerbado focalizado en el automóvil, otros que lo nece- sitan para llegar al trabajo, llevar a los más pequeños de la casa al colegio o diferentes actividades y los últimos reconocerán que resulta igualmente agradable realizar tareas diarias desde nuestro vehículo, como una extensión más de nuestro hogar.

Por ello la cadena de valor en la que se incorpora el automóvil como pieza fundamental es muy amplia. No sólo los “locos” de la técnica y las cuatro ruedas son aquellos que apuestan y generan valor con el vehículo privado, también los restaurantes de comida rápi- da o diferentes artesanos que trabajan to- dos los días para aumentar la aportación de un sector de tales dimensiones.



El automóvil para las personas que hacen uso del mismo es una parcela de libertad y prosperidad. Algo muy pequeño, pero que es tuyo y con el que puedes hacer lo que quieras, siempre que no intercedas con los demás. Cuántos de nosotros vamos pensando en diferentes cuestiones o informándonos a través de la radio, podcasts o simplemente disfrutando de nuestro tiempo en un espacio nuestro.

Unido a estas formas de disfrutar o necesitar el coche, tenemos acuciantes problemas de la inflación y la subida de impuestos que tratan de imponer para hacer más atractivos los vehículos eléctricos, que encuentran su espacio de forma fácil en las ciudades.

Sin embargo, carecen de sentido en las carre- teras. Razones estas para proteger al consumi- dor final y, consecuentemente, la cadena de valor que estos mantienen y alimentan.