TÚNEZ: DE STAR WARS A PARAÍSO TURÍSTICO DEL MEDITERRÁNEO

Escrito el 15/02/2022
DW Magazine

Si hay algo que hace que Túnez sea verdaderamente atractivo son las dimensiones abordables del país, ni muy grande ni muy pequeño, con una extensión como del doble de Andalucía y solo unos 12 millones de habitantes. Pero sobresale especialmente por estar muy volcado a la cultura mediterránea, por ser parte del camino que va por el Mar Mediterráneo de Oriente hacia Occidente y por su proximidad a Europa, especialmente con Francia e Italia, lo que ha permitido que se hayan forjado relaciones profundas económicas, culturales y sociales muy importantes en sintonía con importantes logros en materia de cooperación económica, procesos exitosos de privatización y avances en la modernización industrial.

Mi padre, economista muy volcado con el mundo norteafricano, hablaba árabe, era residente en Tánger en tiempos del Protectorado, tuvo empresas, había sido honrado con la Orden de la Mehdauia, y nombrado Delegado de la Liga Árabe en España. Tuve ocasión de viajar a Túnez con él en varias ocasiones y siempre me pareció un país espléndido de gentes abiertas y negociadoras muy volcadas a objetivos positivos. Túnez se convirtió ya en la Antigüedad en uno de los graneros del Imperio Romano, cuyo territorio administraba, pero ya con anterioridad en sus costas floreció la riquísima ciudad de Cartago, fundada por los fenicios de Tiro, que dio lugar al imperio cartaginés, definido por casi todo el Mediterráneo y con posiciones en Cerdeña, Malta, Baleares o Sicilia y muchos sitios más.

Túnez tiene algunas debilidades respecto a sus grandes vecinos como Argelia o Libia, especialmente por la falta de algunos recursos ricos que a otros les sobran, como el petróleo o el gas, pero la sabia dirección económica y una política comercial cuidadosa han traído para el país una prosperidad razonable impulsada por un creciente turismo que a sus vecinos gigantes les falta y por una agricultura próspera que produce cítricos y otras frutas casi todas exportadas, aceite de oliva y cereales como el trigo o la cebada, que se cultivan allí desde tiempos de los romanos. 



Muy poca gente conoce que parte de la saga de Star Wars se filmó en Túnez. Ya desde tiempo atrás, este país apacible y acogedor, resultó muy atractivo para el Séptimo Arte, debido no solo a la seguridad jurídica de la que siempre ha hecho gala, sino por los paradisíacos paisajes bañados por una luz brillante y clara. Ya desde 1896, en el propio arranque del Cine, los hermanos Lumière rodaron imágenes animadas de las calles de Túnez.

Posteriormente, en 1919, la primera película producida en el continente africano, “Les Cinq gentlemen maudits” de Luitz-Morat, fue rodada también en Túnez, y medio siglo después 1966, el primer largometraje tunecino Al-Fajr (El alba, en árabe) fue dirigido y producido por Omar Khlifi, con una duración de 95 minutos. Durante los años 80, Túnez se llegó a convertir en una pequeña Meca del cine, un pequeño Hollywood mediterráneo que seguía lo pasos de aquella otra Meca española en los entornos de Almería. El productor Tarak Ben Ammar, sobrino de Wassila Bourguiba, ex esposa de Habib Bourguiba, convenció grandes directores de rodar en sus estudios en Monastir. Uno de los persuadidos fue el director Roman Polanski, que rodó rodó Pirates, y Franco Zeffirelli rodó su famoso Jesús de Nazareth. Más adelante Anthony Minghella rodó “El paciente inglés” en los oasis del suroeste del país.

También a George Lucas le sedujeron los decorados naturales y las casas troglodíticas del sur tunecino donde fueron rodadas algunas escenas de Star Wars. Una buena parte del turismo en Túnez no escatima esfuerzos por conducirnos hasta los escenarios reales en los que se rodó parte de la serie de George Lucas, entre ellos el poblado de Mos Espa.

Muchos de los escenarios de la película eran naturales, como es el caso de la zona de Tozeur y el Chott el Jerid, o el Lago de la Sal, una enorme planicie arenosa y lisa que sirvió de fondo en diversos planos para el planeta de Tatooine. Algunos escenarios naturales, como los poblados trogloditas de Matmata, y los característicos “ksour” beréberes fueron adaptados para la filmación, para crear ambientes como la granja de los Lars, la cantina de Mos Eisley -que aún se conserva- o la casa de Anakin Skywalker. Hasta tal punto resulta para muchos turistas y algunos frikis, que en la propia Grana de los Lars se creó un bonito hotel llamado Sidi Driss, que conserva en bastante buen estado todo el decorado de la casa original.  



Hoy Túnez se ha convertido en un foco floreciente para la industria del cine, es la sede del Festival de Cine de Cartago desde 1966, el primer festival cinematográfico del continente africano y del mundo árabe y uno de los primeros del mundo, y actualmente se vienen rodando al año una docena de películas extranjeras. Y el turismo en general, con implantación de importantes empresas españolas referentes en el sector, son un pivote creciente de su floreciente economía. En 2018, Túnez fue el 39 país más visitado del mundo, con 8,3 millones de turistas internacionales, y con unos ingresos por turismo de 1,7 mil millones de dólares.

España cuenta con una buena apreciación en general por parte de todos los socios del Magreb y Norte de África, por su vocación cercana al mundo árabe en general. Eso es algo que España no debe perder nunca en sus relaciones políticas, diplomáticas y económicas y comerciales de cara al futuro, porque es un valor seguro. En el caso de Túnez, España cuenta con una relación privilegiada que se encuadra en el Tratado de Cooperación, Amistad y Buena Vecindad firmado el 26 de octubre de 1995, en vigor desde el 10 de enero de 1997.

En este Acuerdo se institucionalizó un marco de contactos políticos bilaterales a través de Reuniones de Alto Nivel (RAN) entre los respectivos jefes de Gobierno, en España y Túnez, alternativamente. El 26 de febrero de 2018 se celebró en Túnez la última reunión de este Tratado, y en 2020 estaba prevista la continuación de la que debería haber sido la RAN en España, pero debido a la crisis del COVID19 todo ha quedado pospuesto y pendiente de la evolución de dicha crisis, aunque se intentan reactivar poco a poco los distintos MOU firmados en 2018 en Túnez, con los diferentes ministerios.

España no ha mostrado desde 2018 mucho interés en reactivar el MOU entre el ICEX y el CEPEX para la cooperación en materia de promoción de las exportaciones, firmado el 26 de febrero de 2018, aunque Túnez si que quiere actualizarlo. Yo creo que es un error no avanzar en esos acuerdos ya firmados antaño y que consolidan las relaciones de España en una región en la que tiene mucho predicamento. España fue en 2020 el séptimo proveedor mundial de Túnez, con compras por parte de España muy importantes en ropa, aceite y pescados, y ventas desde España en vehículos y aparatos eléctricos y mecánicos.

La clave de las relaciones entre España y Túnez debe verse en que, pese a tratarse de un mercado relativamente pequeño, su proximidad y el enorme grado de apertura comercial, de en torno a un 90%, lo pueden convertir en un socio privilegiado, con enormes oportunidades comerciales y de inversión para las empresas españolas en sectores como los productos cárnicos (ovino, bovino y aviar), maquinaria industrial, equipos eléctricos, energías renovables, agua, química, logística y transporte, medio ambiente y tecnologías de la información.

El Gobierno tunecino ha puesto además recientemente en marcha diversos proyectos para la expansión de infraestructuras hidrológicas tales como desalinizadoras, depuradoras y presas, y de energías alternativas, especialmente la solar, así como en el ámbito de las redes de transporte ferroviario, autopistas, minas y construcción de infraestructuras hospitalarias. Para cualquier inversor externo, hay que contemplar Túnez como la cuña que nos permitirá acceder a los importantes mercados del Magreb, tan próximos a la Unión Europea y tan interesantes para la cuenca del Mediterráneo.