DIPLOMACIA EN CLAVE EMPRESARIAL

Escrito el 02/08/2021
Alina Santamaría


El mundo es, cada vez más, dinámico y complejo. Es dinámico porque ritmos y tiempos imprimen carácter a cada ámbito y sector. Es complejo porque los cambios de la sociedad demandan, en el día a día, miradas más sofisticadas, diversas e integrales. En este contexto cabe hacerse dos preguntas: ¿Cómo se relacionan empresa y diplomacia en el mundo actual? ¿Cómo un diplomático, en su rol de intermediador, puede ayudar en la internacionalización de las empresas?

Diplomacia corporativa y diplomacia comercial

Por lo general, se suele hablar de Diplomacia Corporativa en el contexto de la empresa y de Diplomacia Comercial en referencia a los Estados. A partir de aquí podemos considerar que la Diplomacia convencional y tradicional debe contener un significado que la redefina de un modo innovador e inclusivo. Se debe concebir al diplomático como conector y facilitador de intereses políticos, comerciales, sociales y culturales. La clave es sumar valor público a la actividad de la empresa.

El resultado del trabajo colaborativo entre empresa y Estado, entre empresarios y actores públicos, debe ser el esfuerzo compartido capaz de sumar apoyos en la conciencia de que, el éxito reputacional de la marca país, debe ser una consecuencia colectiva, y no sólo el fruto del voluntarismo individual. Ahí están los vínculos con los tomadores de decisiones, el impulso de agendas público-privadas, las visitas oficiales, las negociaciones comerciales, los instrumentos y programas de soporte al desarrollo empresarial, entre otras líneas de apoyo y trabajo.

Rol comercial del diplomático

En esencia debe ser preponderante. Un diplomático, como agente coadyuvante, debe sumar la gestión pública a las políticas de internacionalización de empresas, empresarios y países. El profesional de la diplomacia debe ser capaz de dar lectura temprana a los cambios de tendencia, sincronizando ímpetus comerciales con capacidades institucionales reales y, por qué no, haciendo pedagogía pública en la valoración ciudadana del trabajo empresarial.

En la sociedad actual no tienen cabida ni compartimentos estancos ni divisiones binarias por material o parcelas. A día de hoy, el personal del cuerpo diplomático debe ser capaz de sumar, a su tradicional polivalencia, un papel de conexión y “escucha activa” de los intereses de la sociedad civil globalizada. Qué duda cabe que, en este desafío, el uso de nuevas tecnologías de la información, la maduración y seguimiento de un networking empresarial efectivo y la exploración permanente de nuevas áreas y oportunidades para el interés nacional, son medios eficaces para acometer este objetivo. Lo que antes era burocracia paralizadora hoy debe ser, en la práctica, adopción de dinamismo en las redes e involucración con las nuevas demandas, competencias y tiempos de reacción. Todo esto implica, evidentemente, potenciar las capacidades públicas, las cuales deben adoptar métricas que estén en permanente revisión. Además, se debe asumir que el desafío empresarial es una tarea que la diplomacia moderna debe abordar, en permanente actualización de sus destrezas y conocimientos.

Asuntos públicos de la empresa y diplomacia corporativa

Los asuntos públicos en las empresas, cuando se manejan de manera estratégica y con la anticipación como uno de los elementos clave para el éxito, están empezando a formar parte de la incipiente Diplomacia Corporativa. Y es que management y diplomacia son dos aspectos que guardan más relación de lo que en principio podría parecer.

Somos lo que somos al relacionarnos con los demás. Hoy sabemos que la identidad se construye en constante dinamismo y relación con los otros. También nuestra reputación. Lo que somos y cómo nos ven depende, así, de nuestras interdependencias, cuyo análisis es fundamental para conocer nuestro posicionamiento en el espacio público y determinar hacia dónde hemos de dirigirnos. La fotografía estática de la realidad pasó ya a la historia; heredera de la clásica teoría unidireccional de la acción comunicativa, ya no basta para el desempeño y consecución de nuestros objetivos como ente empresarial, institucional o asociativo. En la llamada sociedad red, todo fluye, se conecta e interacciona permanentemente.

El dialogo y el entendimiento bidireccional entre empresa y diplomacia son claves para la consecución, con éxito, de los objetivos marcados. Por todo ello, las grandes compañías transnacionales, presentes en sectores estratégicos y regulados, hace tiempo que se dieron cuenta de que, en un mundo como el actual, cada vez más  la diplomacia debe incorporarse como, un elemento crítico de su gestión. Esto es así por un motivo esencial: influye a la postre, y de una manera radical, en sus cuentas de resultados. 

 

Dado el contexto de la nueva sociología del poder, y la necesidad de influencia en unos procesos de innovación más abierta y ágil, hoy los actores pequeños y rápidos pueden ganar a un grande lento. Para conseguirlo, las empresas emergentes han de relacionarse con sus entornos de manera global y estratégica, es decir, incorporando una gestión más “diplomática”. En otras palabras, deben aprender a aplicar y aprovechar las herramientas y resortes de la diplomacia corporativa.